21 de junio de 2017

Oportunidades disfrazadas de problemas

Muchas veces he querido dejar de escribir, y la prueba está en que después de un año o más, aquí ando de nuevo... Definitivamente eso de tener dos hijos, dos trabajos y muuucho que hacer, me deja poco tiempo para escribir... Pero aquí ando, retomando una de mis pasiones, porque siempre he dicho que la escritura es algo que se me da muy natural y me gusta y me desestresa...

Cada cosa tiene su momento y cada momento, a su vez, nos abre la puerta a una nueva oportunidad, esa que hay que saber ver y no dejar escapar solo porque a los demás no les guste. Porque la felicidad es al fin y al cabo un acto de valentía y responsabilidad que nos exige también entender que, en ocasiones, lo que en un primer momento parece un problema, puede ser también una oportunidad.

Albert Einsten solía decir que entre las dificultades se esconden las mejores oportunidades. Ahora bien, también sabemos que no es precisamente fácil aplicar este enfoque tan optimista. El miedo, la inseguridad, o incluso la presión de nuestro entorno nos hacen creer que aún no es nuestro momento, que debemos esperar un poco más en nuestra “tranquila y segura” zona de confort.

Nunca dejes pasar una oportunidad que te hace feliz solo porque a los demás no les agrade, la vida son momentos que hay que saber aprovechar con intuición y coraje.



Para muchos, nunca es el mejor momento para casi todo. Posponen tantas cosas que aplazan incluso su felicidad para ese día en el que consigan esto y lo otro, en que por fin, logren aquello de más allá. Ahora bien, hemos de tener en cuenta que quien pospone demasiado deja de vivir el presente, porque la felicidad no se programa en una agenda. La felicidad se crea, se intuye, se siente.

Es este instinto quien nos susurra aquello de que es mejor no asumir riesgos, que es mejor dejar las cosas como están, que es mejor no arriesgar. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ante cada oportunidad perdida, ante cada momento no aprovechado, aparece otra aplastante dimensión a tener en cuenta: la frustración.

Para concluir, es muy posible que nuestras mejores oportunidades estén aconteciendo ahora mismo y en este momento. Solo debemos permitirnos ser un poco más valientes y dejarnos llevar por la ilusión, la valentía y el coraje. Porque recuerda, no hay nada más caro que una oportunidad perdida…

25 de junio de 2015

Un regreso inesperado...

Casi tres han pasado desde que escribí por última vez en mi blog... y ha pasado tanto desde entonces... quise recordar porque me gustaba venir a escribir aquí y empecé a leer mucho de lo que escribí en años anteriores en algunos ratos de mi tiempo... siempre escribía de lo que pensaba o sentía y el escribir se había vuelto una necesidad para mí, mi desahogo, mi respirar de día con día, y no importaba si lo leía una persona o cien, o quienes están o no involucrados (as) con mi sentir o mi pensar. Creo que va siendo hora de regresar a las raíces...


¿Alguna vez te has sentido decepcionado? ¿O has decepcionado a alguien?

Muchas veces no entendemos el sentido de esas palabras. Sentirse decepcionado es algo con lo que lidiamos todos los días.

Quizás por amor o quizás por amistad, a menudo depositamos una fe ciega en personas. Con el paso del tiempo, deja de ser fe para dar paso a una relación de confianza, de sentimientos y de apoyo. Y situaciones que se nos presentan, nacen que perdamos la confianza en las personas, que dejemos de creer, que nos duela su actitud, su sentir...Estamos dolidos, quizás en esa fase de intentar encontrar una explicación a ese comportamiento pero, realmente eso es algo que no sucederá. Pedir explicaciones a veces es desgastante y solo empeora las cosas. Cada quien tiene sus razones por más válidas o inválidas que parezcan. Y dar explicaciones por algo que sucede, tampoco garantiza que todo regresa a la normalidad...

O por otro lado, muchas veces decepcionamos a las personas, a veces a quienes son más cercanas a nosotros o a quienes decimos amar o querer más, inclusive a la familia. Y como decía, aunque tengamos nuestras razones y para nosotros son válidas, quizás para los demás no. Cada cabeza es un mundo y lo que a nosotros puede parecernos bien en su momento, para alguien más puede ser todo lo contrario.

Debemos aceptar las lecciones de la vida que en realidad son de cada quien, porque de una u otra manera, cada quien las puso en su camino por decisión propia,Debemos extraer rápido su aprendizaje y sacarlas de una vez para continuar avanzando. Si no, corremos el riesgo de quedarnos "atascados" con las situaciones que hemos vivido y pasar a darles parte en nuestro vivir actual.

Y muchas veces (O casi siempre) quisieramos actuar, corregír, retocar, modificar, hacer algo para que no hubiera pasado. Pero... el hubiera ya no está, no existe... Ahora para adelante... con todo lo bueno y lo malo que la vida nos da... Vive con las consecuencias y aprender a vivir con los errores... De todo se aprende algo... aunque eso, los demás no lo terminen de entender...

Hoy estamos aquí... mañana, sólo Dios sabe...